febrero 24, 2012

Con alegría, es más sencillo.


“Siempre digo, que el fútbol es un juego, lo que quiere decir que se trata de ser feliz. No comprendo al entrenador que esta de mal humor, que salta y que grita”.

Vicente Del Bosque,

Entrenador de la Selección Española

Durante esta semana Vicente del Bosque, con toda su autoridad y experiencia, aconseja de forma indirecta al mundo del fútbol, pero en específico a sus colegas, que se sería mejor dirigir o entrenar con alegría. Además, recomienda evitar los comportamientos arrogantes o egocéntricos, los cuales no ayudan en nada al equipo. ¿Cuántos, arrogantes y egocéntricos, entrenadores me toco aguantar? Fueron tantos, tantísimos, como bien dice un amigo. Y, por otro lado, ¿cuántos entrenadores, transmisores de alegría, tuve la oportunidad de disfrutar?, pocos, muy pocos.

Mientras leía la entrevista del seleccionador español, recordé mi época como jugador juvenil, en las fuerzas básicas de la UNAM. Entrenábamos en "las mejores" canchas de tierra de Ciudad Universitaria. Bajo el sol, la lluvia, o el viento, poco nos importaba, nos daba lo mismo. Siempre con espíritu de lucha, esforzándonos, con compañerismo, y sobre todo, con mucha alegría. El equipo ayudaba, pero Marco Antonio Luque, nuestro entrenador, era el principal responsable. Marco, ex delantero de la UNAM en la época de los ochenta, nos sabía dirigir con firmeza y alegría. Jaime Lozano, Nacho Flores, Horacio Sánchez, Gerardo Galindo y muchos más, tuvimos la oportunidad de entrenar bajo su ordenes.

“El Bigotón” Del Bosque, recuerda: -el mejor momento para mí, en mi carrera de entrenador ha sido en la que trabaje con jóvenes de 16 y 17 años en la cantera del Real Madrid, porque no solamente los formaba y los dirigía, sino que les educaba y les ayudaba con todos los medios posibles-.

Sin embargo, en el fútbol profesional, la historia no fue la misma. Tal vez porque existe más presión, y aquellos entrenadores no la supieron o no la saben manejar. En su defensa puedo argumentar que no es fácil ser entrenador, al nivel que sea. Recuerdo que durante mi segunda etapa en el Deportivo Toluca, Ricardo Lavolpe comenzó su mejor época como entrenador. En este caso, la alegría del equipo lo contagió, y más tarde demostró que también él podía serlo. Sin duda, el equipo lo noto. Hasta sus regaños eran diferentes, tenían el mismo tono irónico, pero ahora contenían un pequeño toque de alegría. Es más, hasta puedo presumir de haberle visto sonreír.

Finalmente puedo asegurar que para aquél que pretenda ser entrenador: la preparación es básica, mientras más conocimientos se tengan, mucho mejor. Claro que, como bien dice Del Bosque –la experiencia ayuda-. El entrenador no nace, se hace. Pero, con alegría, es más sencillo.

febrero 19, 2012

La ignorancia: el único responsable.

...Se dice que el halago debilita y que a veces hasta empalaga. Somos un equipo maduro con una idea muy clara de hacia dónde queremos ir. Yo me encargo de recordarles a los jugadores de dónde venimos. Sabemos que esto es efímero.

Carlos Pouso (entrenador del Mirandés)

Durante el pasado fin de semana, diversas cuestiones no me permitieron ver algún juego, de la jornada 7 del fútbol mexicano. Sinceramente no me preocupaba, ya que sabía que no me estaba perdiendo de mucho. Durante ya bastante tiempo, el fútbol mexicano tiene menos drama que una telenovela del productor Juan Osorio. En ambos casos, da lo mismo si te pierdes un juego o un capítulo, porque al final siempre son los mismos diálogos, los mismo discursos (“la cancha estaba en malas condiciones o el arbitro nos pito mal”, el mismo pretexto (“así es el fútbol mexicano”), o la misma promesa (“aportaré mi granito de arena para que el equipo gane”).

La competencia atlética, en este caso el fútbol, contiene gran parte del drama de la vida, del mismo futbolista y de muchos aficionados. La alegría, la frustración, la angustia, el esfuerzo y la tristeza siempre acompañarán al deporte. Por eso, cuando ninguna de las anteriores están presentes, da lo mismo perderse una, dos, o tres jornadas.

Para nuestra desgracia, en el fútbol mexicano nadie se hace responsable de esta triste situación. Los jugadores culpan a los directivos, los entrenadores a los árbitros, los directivos a la prensa y la prensa a quien se deje. ¿Y el aficionado?, el aficionado culpa al compadre, a la esposa, a los árbitros, a quien sea; pero nunca culpará al equipo de sus amores. A éste, siempre lo justificará por mala que sea su situación.

Hace tiempo, un presidente de la Federación Mexicana de Fútbol, presumía que bajo su gestión se estaba poniendo en marcha, “la profesionalización del fútbol mexicano”. Nunca entendí a qué se refería, ¿qué no era ya profesional?. Díez años después de aquel gran demagógico discurso, concluyo: no lo éramos, no lo somos y quien sabe si lo seremos.

A todos los niveles y en la mayoría de los casos, el fútbol mexicano es sólo profesional de medio tiempo. Tristemente, no somos gente que guste de la preparación, del estudio y tampoco (por soberbia) nos gusta aprender del gran ejemplo que se está dando en otros lugares del mundo. Gente como: Marcelo Bielsa (D. T. Atlético de Bilbao), Carlo Pouso (Entrenador del Mirandés) y, Unai Emery y Manuel Llorente (D. T. y Presidente del Valencia), son dignos de análisis y estudio, ya que lo que esta ocurriendo en sus clubes no es fruto de la casualidad.

Es inevitable, el tiempo sigue su curso y al final pondrá a cada uno en su lugar. Y tan sólo, el conocimiento, fruto del estudio y la preparación, dará la posibilidad de esperar un mejor lugar en el futuro.

febrero 12, 2012

Henry, y el amor a la camiseta...



Thierry ha hecho suya, la frase del cónsul romano Julio Cesar: “Veni, vidi, vici”.

Era el mes de mayo del año 1997, en la ciudad de Cannes. México sub – 20 jugaba contra Francia, el país anfitrión, en el Festival Internacional Esperanzas de Toulon. En los jugadores mexicanos sobro el carácter, pero hizo falta claridad y fineza en la finalización de sus ataques. El conjunto Galo vivía el encuentro con paciencia, siempre midiendo sus esfuerzos, expectante de que algo bueno apareciera a su favor. Para el final del encuentro llego su premio en un balón largo buscando a uno de los puntas, David Trezeguet (Ruan, Francia 1977). Éste, peino el balón, y por única ocasión conecto con el otro punta, Thierry Henry (Les Ulis, Francia 1977).

Desde entonces, el máximo goleador francés de todos los tiempos, trataba el balón con delicadeza pero a la vez, dejándole claro que él era el que mandaba. “Titi” tardo un par de segundos en estar dentro del área mexicana, y definir al poste del portero, con firmeza pero sin rudeza, con la cara interna del pie, como seguramente aprendió en la academia Clairefontaine de París. El balón entro de una forma que nunca había visto, sonriendo, feliz. “Titi” Nunca toco rock, por qué lo suyo es el soul y el jazz.

El también máximo goleador Gunner, fue fichado para el Arsenal en 1999, después de un breve paso por la Juventus de Turín. Su ex-entrenador del Mónaco de Francia, Arsene Wegner, le invita a tocar con los Gunners y le deja bajo la tutoría del punta holandés Dennise Bergkamp.

Después de 15 años Henry sigue tocando el bajo, pero ahora lo ha hecho en casa, en su casa futbolística. El sábado pasado, se despidió de su afición como sólo él lo sabe hacer. Al minuto 90 le dio la victoria al Arsenal frente al Sunderland, para afianzar el cuarto lugar general de la Premier League. Ya lo había hecho en su segundo debut, el 9 de enero frente al Leeds United en la FA Cup, anotando el único gol que le dio al Arsenal el pase a la siguiente ronda en el Torneo más viejo de Inglaterra.

Thierry ha hecho suya, la frase del cónsul romano Julio Cesar: “Veni, vidi, vici”.

Esta segunda etapa de Henry en el Arsenal tan sólo duro dos meses. Y aunque no descarta volver, nos quedaremos con las ganas de verle en el cierre de la Premier. Sin embargo nos hizo recordar un poco de la maravillosa historia entre él y los Gunners, en su primer etapa. Además, ha dejado en claro que aún existe el amor a la camiseta.