diciembre 18, 2011

El fútbol tiene esperanza.

El Barcelona, tiene claro lo que algún día dijo un Santo,

-año nuevo, lucha nueva-.

Al cierre de este año, es difícil recordar a todos aquellos, que pasarán a la historia como campeones del 2011. Los primeros que se me vienen a la mente son: Lio Messi, Pep Guardiola y el histórico F. C. Barcelona (La Liga BBVA), Pumas y Tigres (liga mexicana), Raúl Gutiérrez y la Selección sub 17 de México (Mundial infantil de la FIFA), Javier Hernández y el ManU (Premier League). Tabárez y la Selección Nacional de Uruguay (Copa América), AC Milán (Calcio Italiano), Bayer de Múnich (Bundes Liga), etc.

Todos ellos, protagonistas del año que nos deja. Sus triunfos y logros, en mayor o menor medida, tienen mucho merito y dan ejemplo de dedicación. Pero, no todo ha sido maravilloso. Aunque seguro, para el aficionado Tigre, por fin obtener un campeonato, después de 29 años, es increíble. Increíble, tal vez. Pero, no maravilloso.

El principal problema de los últimos años es querer ganar como sea, como declaro en la liguilla pasada, un directivo del fútbol mexicano. Siempre es el dinero por el dinero. Y lo peor, es que el aficionado piensa lo mismo. Se conforma con muy poco. Quiere ver ganar a su equipo un campeonato, como sea, a costa de la belleza que implica este deporte.

Casi sin darnos cuenta, el fútbol se ha ó había alejado de sus valores intrínsecos, para convertirse en un mero negocio, que solo da para algunos, y el menos apreciado es el aficionado. De forma natural el futbolista se convirtió en una mezcla de artista, diva, estrella de rock, de todo menos un profesional del fútbol. Se ha o había olvidado que es un ejemplo para el mundo. -La gente me envidia por que soy famoso, rico y guapo-, se atrevió a declarar alguno.

La mañana del domingo amanecimos con el claro ejemplo del camino que debemos seguir. Como futbolistas, como aficionados, como personas. El Barcelona, cerro el año con un título más. 13 ganados de 16 posibles en 3 años. La foto, del momento en que Charles Pujol levanta el trofeo, del bi-campeonato en el Mundial de Clubes, dice más que mil palabras. Muchos de sus integrantes argumentan, que todo es fruto del hambre con que aún juegan.

Yo diría, no solo es hambre, es virtuosismo en todos sentidos. Dentro y fuera de la cancha, con el adversario, con el aficionado, con ellos mismos. Esto es maravilloso y debemos luchar por imitarle. Es el reencuentro del deporte, con sus valores, con la moral. El fútbol tiene esperanza y un claro ejemplo de ella, gracias el F. C. Barcelona. Tienen claro, lo que algún día dijo un Santo –Año nuevo, Lucha nueva-.

diciembre 11, 2011

El efecto Barcelona


Siempre que escuchaba a gente mayor, hablar sobre aquellos equipos de época o viejas glorias del fútbol, sentía algo de envidia y algunas veces pereza, sobre todo, cuando la referencia era de 1980 para abajo. Cuando a un joven le hablan del pasado, es estarle retando. Es una insinuación de que su época no vale tanto la pena. Solo quedaba escuchar.

Mi despertar en el fútbol comenzó a los 8 años, con el Mundial de México 86. Jugadores como el Doctor Sócrates, Michael Laudrup, Platini, Tigana, Francescoli, Preben Elkjaer y Maradona, despertaron mi asombro por su técnica, elegancia, y liderazgo dentro de la cancha. Pero por encima de las genialidades de estos hombres, el juego de la selección Brasileña, me abrió la puerta a lo maravilloso de este deporte. A partir de entonces nada fue igual.

Dicen que estudiar la historia, nos ayuda a conocer el pasado, para poder entender el presente e intentar interpretar el futuro. Hoy día, gracias al internet he podido investigar más a fondo, aquella postura de la selección Brasileña del 86. Tuve que ir hasta el Mundial de España 1982; donde encontré algo que solo le había visto, de manera constante, al F. C. Barcelona. El pase filtrado a un jugador de segunda línea. Esto que está tan acostumbrado a hacer Andrés Iniesta, en complicidad de Xavi Hernández, ya lo manejaba Sócrates en 1982.

Alguien tuvo que sugerirlo, alguien tuvo que redescubrir y sembrar ideas como esta, en el Barcelona. Cesar Luis Menotti dice –el 80% del Barcelona se llama Guardiola–. Guardiola no es un innovador como Steve Jobs. Guardiola es aquel que multiplica los talentos de sus jugadores, que apelo a la historia de su club y la re-invento. El efecto es tan grande, que ha forzado al resto de la Liga española y del mundo a no estancarse e ir en busca de ideas, que de igual manera revolucionen e ilusionen. Joachim Löw, entrenador de la selección alemana, es un buen ejemplo. Sembró una idea simple. Redujo el tiempo de posesión de balón, en los pies del jugador, para lograr un juego más dinámico.

Ahora bien, más allá de seguir disfrutando del F. C. Barcelona, al igual que el resto del mundo, corremos el peligro de simplemente quedarnos paralizados ante el asombro, ó bien, tomar el riesgo de imitarle. No sabemos que tan cerca estaremos de una interpretación tan alta, lo seguro es que estaremos más lejos si no lo intentamos.

diciembre 03, 2011

La mano del entrenador

“No hay que jugar para ganar, sino para que no te olviden”. Sócrates, el demócrata del fútbol

En cuanto al desempeño y resultado, en un partido de fútbol; ¿Cuanta responsabilidad, dentro del terreno de juego, le corresponde a un entrenador y cuanta a los jugadores?. Es decir, si pudiéramos cuantificar, expresándolo en porcentaje, la responsabilidad que tienen los jugadores y el entrenador de un equipo, en cuanto a su desempeño y al resultado en un partido de fútbol, ¿cuánto sería?. ¿Cuánto le pondría usted?.

Ricardo Lavolpe, durante su periodo como Director Técnico del Deportivo Toluca refería, que el entrenador es responsable de un 20% de lo que ocurra en un partido de fútbol, y el otro 80%, le corresponde a los jugadores. En aquel torneo, algunos jugadores que formaban parte de su plantilla eran José Cardozo, Sinha, Vicente Sánchez, Cristante, Salvador Carmona, Israel López, entre otros. Esta claro, que Lavolpe no tenía problema en otorgar ese 80% de responsabilidad a sus jugadores.

Al comienzo estuve de acuerdo, pero con el paso del tiempo, al observar otros clubes nacionales e internacionales, mi opinión fue cambiando. Poco a poco fui aclarando, que dicho porcentaje varia en relación a 3 factores fundamentales: el perfil del entrenador, la plantilla del equipo y, el torneo o competencia que se este jugando. No es lo mismo, una fase regular (luchando por no descender o calificar a las finales), que jugar una liguilla. Es distinto competir en un Mundial (en sus distintas categorías), que hacerlo en una Copa Libertadores ó en la Liga de Campeones De Europa.

Partiendo de la idea, que dicho entrenador ha tenido la oportunidad de formar su plantilla, con base en su filosofía y sistema de juego, ideología y capacidad económica del club, etc.; buscará, dentro y fuera de la cancha, sembrar aquellas ideas y conceptos que para él resulten fundamentales. Como puede ser la presión en toda la cancha, característico de los equipos de Bielsa. El buen manejo de la pelota (últimamente lento y aburrido) del Profe Meza. El juego construido y vertical de Mario Carrillo y Miguel Herrera. El contra-ataque de José Mourinho. La amplitud de campo y juego por las bandas de Louis Van Gaal. Ó Mejor aún, el juego alegre y despreocupado de Tele Santana, con al selección de Brasil, en el mundial de España 1982. Claro esta, siempre apelando a llevar al máximo desempeño del talento y capacidad deportiva del jugador. Cuando esto no ocurre, es por dos razones: o el entrenador no tiene idea, ó es un mezquino.

Qué tan bien o mal sean cultivadas estas ideas, en la voluntad e inteligencia del jugador, es responsabilidad del entrenador. Es entonces, cuando comienza a desaparecer el 20% que proponía Lavolpe, para dar entrada al 80% de responsabilidad, propiedad de los jugadores. Después de esto, el entrenador tendrá que confiar en la capacidad del jugador y tan solo estar atento a componer aquello que no este funcionando adecuadamente.

En esta liguilla, han sido pocos entrenadores que han buscado llevar a sus dirigidos, al máximo de sus posibilidades. Destaca el Profe Cruz y Cardozo que con poco hacen mucho. Buscan explotar al máximo, el potencial de cada uno de sus jugadores. Bien por ellos. Hay otros, que son mezquinos y entierran los talentos de los suyos, con el pretexto de buscar ganar un campeonato. Ya lo dijo Sócrates, el demócrata del fútbol “No hay que jugar para ganar, sino para que no te olviden”.