diciembre 11, 2011

El efecto Barcelona


Siempre que escuchaba a gente mayor, hablar sobre aquellos equipos de época o viejas glorias del fútbol, sentía algo de envidia y algunas veces pereza, sobre todo, cuando la referencia era de 1980 para abajo. Cuando a un joven le hablan del pasado, es estarle retando. Es una insinuación de que su época no vale tanto la pena. Solo quedaba escuchar.

Mi despertar en el fútbol comenzó a los 8 años, con el Mundial de México 86. Jugadores como el Doctor Sócrates, Michael Laudrup, Platini, Tigana, Francescoli, Preben Elkjaer y Maradona, despertaron mi asombro por su técnica, elegancia, y liderazgo dentro de la cancha. Pero por encima de las genialidades de estos hombres, el juego de la selección Brasileña, me abrió la puerta a lo maravilloso de este deporte. A partir de entonces nada fue igual.

Dicen que estudiar la historia, nos ayuda a conocer el pasado, para poder entender el presente e intentar interpretar el futuro. Hoy día, gracias al internet he podido investigar más a fondo, aquella postura de la selección Brasileña del 86. Tuve que ir hasta el Mundial de España 1982; donde encontré algo que solo le había visto, de manera constante, al F. C. Barcelona. El pase filtrado a un jugador de segunda línea. Esto que está tan acostumbrado a hacer Andrés Iniesta, en complicidad de Xavi Hernández, ya lo manejaba Sócrates en 1982.

Alguien tuvo que sugerirlo, alguien tuvo que redescubrir y sembrar ideas como esta, en el Barcelona. Cesar Luis Menotti dice –el 80% del Barcelona se llama Guardiola–. Guardiola no es un innovador como Steve Jobs. Guardiola es aquel que multiplica los talentos de sus jugadores, que apelo a la historia de su club y la re-invento. El efecto es tan grande, que ha forzado al resto de la Liga española y del mundo a no estancarse e ir en busca de ideas, que de igual manera revolucionen e ilusionen. Joachim Löw, entrenador de la selección alemana, es un buen ejemplo. Sembró una idea simple. Redujo el tiempo de posesión de balón, en los pies del jugador, para lograr un juego más dinámico.

Ahora bien, más allá de seguir disfrutando del F. C. Barcelona, al igual que el resto del mundo, corremos el peligro de simplemente quedarnos paralizados ante el asombro, ó bien, tomar el riesgo de imitarle. No sabemos que tan cerca estaremos de una interpretación tan alta, lo seguro es que estaremos más lejos si no lo intentamos.

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