Dicen por ahí, que las malas mañas se aprenden en la calle. Yo digo lo contrarío. En la calle conocí solo una, y muy buena, jugar fútbol. En zenzontle específicamente, entre trino y reyezuelo. Tengo 33 años, no son muchos, pero si los suficientes como para presumir, ser de las últimas generaciones que aún les toco vivir “la vieja escuela de fútbol”.
Hace pocos días, el seleccionador nacional de Italia, Cesare Prandelli, comentaba que su primer recuerdo ligado al fútbol, eran las tardes de su infancia pateando un balón en la esquina de su casa. ¿Quién no tiene un recuerdo como este?. Seguramente a muchos de nosotros, recordamos aquellas tardes pegándole a la pelota, usando como arco el zaguán de la casa.
Por otro lado, Johan Cruyff, uno de los máximos ídolos del fútbol a nivel mundial, considerado como principal responsable del actual sistema de juego del F. C. Barcelona, comenta en su libro “Me gusta el fútbol” . - En la calle tienes que avivarte. Aprendes a moverte con más rapidez y decides con mas vivacidad qué haces con la pelota ,o tus movimientos sin balón. Aparte, si chocas con otro chico y caes, te haces daño - . Y es que es verdad, no es lo mismo, caer en pastito (ahora pasto sintético), que sufrir una buena caída en el concreto o asfalto, si bien nos va.
Desafortunadamente, hoy día, las famosas “escuelas de fútbol”, “filiales de tal o cual equipo” y las que presumen de mayor nivel, mejor conocidas como “centro de formación Fulanito de Tal”, le han ganado terreno a esta “vieja escuela”. Y sin darnos cuenta, tristemente, esta vieja costumbre de armar la cascarita en la calle, jugar tiro a gol en el zaguán de la casa ó simplemente salir a patear el balón a la pared del vecino, poco a poco se ha perdido.
Aunque a simple vista, una cascarita, aparente ser una perdida de tiempo entre cuates; por el contrario, tiene muchas cosas positivas. Por ejemplo: en el fútbol profesional, hay muchos ejercicios donde se busca mantener la posesión del balón a base de 1 o 2 toques por jugador, en un espacio reducido (10 X 15 metros), jugando 3 VS 3 ó 4 VS 4. ¿A caso no ocurre esto en la calle?. Sin darnos cuenta, las cascaritas, se dan bajo esta misma idea: en espacio reducido, con pocos jugadores, (si llegaban más, se armaba la reta) y con pocos toques de balón, porque si no, sabías que podías terminar embarrado en un auto o con las rodillas raspadas.
Quien jugaba en la calle, adquiría el conocimiento de todas las posiciones. Defendía, atacaba, algunas veces iba a la portería (que no eran más que dos piedras o ladrillos a mitad de la avenida). También, se fortalecía el carácter y la personalidad, cuando el equipo de la calle iba a otra colonia o barrio, a enfrentar a aquellos que presumían de mantenerse invictos. O bien, cuando tenías que pararte frente a la casa del vecino para pedir perdón y el balón que ha roto el vidrio de su casa o, le ha abollado el auto.
Espero que algún día, nuestras calles, vuelvan a ser aquel lugar de reunión de chicos, donde se fortalecían las amistades y sobre todo, donde vivía seguro y con libertad.
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