enero 08, 2012

Un hombre llamado Simone Farina



Quizá no fuesen muchos, pero esos pocos representaban una muestra irrefutable de que al hombre se le puede arrebatar todo salvo una cosa: la última de las libertades humanas – la elección de la actitud personal que debe adoptar frente al destino – para decidir su propio camino.

Viktor Frankl

El deporte es un medio de formación para el ser humano. Siempre le brindará esta oportunidad a todo aquel que lo practique. Y para aquellos que lo desarrollen de manera profesional, les otorga la responsabilidad de ser ejemplo para la sociedad. Algo así como un profesor; un autentico transmisor de valores. El deportista, debe tener clara esta responsabilidad y no eludirla. Es decir, debe entender que sus decisiones, dentro y fuera de la cancha, tendrán gran influencia para la sociedad.

Esta semana, la sociedad mexicana se entero de la captura de una banda delictiva, en Monterrey Nuevo León. Nada nuevo, es algo de todos los días. Sin embargo, lo sorprendente fue que uno de los integrantes de esta banda es jugador profesional de fútbol. Algo francamente triste, sobre todo cuando el medio futbolístico deseaba que nada le hubiera ocurrido al ex jugador de Rayados y Jaguares, siendo que llevaba algunos días desaparecido.

Esta desalentadora noticia, hace que el inicio de la liga mexicana sea el peor de muchos años. Sinceramente me avergüenza. Y no vale decir, que nada tiene que ver con lo deportivo. Al contrario, tiene todo que ver, porque al dejar de lado la moral y la ética de lo deportivo, llegamos a esto.

Sin embargo, este mismo fin de semana un ángel aparece en el calcio. Simone Farina, padre de dos hijos y lateral izquierdo del Gubbio de la serie B, rechazo 200,000 euros, algo así como 3,500,000 pesos, por amañar y perder un juego contra el Cesena en septiembre del año pasado. Esta cantidad es más del triple de lo que gana al año. Quien le ofreció fue un ex-compañero de las inferiores del Roma. Farina, dijo que no y lo denuncio ante las autoridades. No le importo que tras estos arreglos este la mafia italiana.

El viernes pasado, tras saltar al césped después de un mes en recuperación, lo recibió una fuerte ovación y una gran pancarta que decía: Seil il nostro orgoglio (eres nuestro orgullo). Blatter lo invito a la entrega del Balón de Oro. Prandelli lo convoco con la selección italiana en febrero para un juego de preparación contra Estados Unidos. Y la Gazzetta dello Sport le dedico una carta titulada. “Tenemos que estar orgullosos de él”.

Lo de Simone debería ser lo normal en este mundo, el deber de un ciudadano. Sin embargo, en el fútbol nada es normal, por eso lo que ha hecho es extraordinario. Farina, declaro haberlo hecho por su familia, haber estado asustado y muerto de miedo. Hasta pensó en no volver a jugar al fútbol. Este, es un claro ejemplo de cómo llevar una vida honrada y de cómo la moral esta íntimamente ligada al juego, a lo deportivo.

No hay comentarios:

Publicar un comentario